Sientes dolor durante la penetración. Lo silencias porque “no le quieres cortar el rollo a tu pareja”. O lo dices, pero te quedas con cierta sensación de culpa, de “algo me pasará, algo estoy haciendo mal”. No eres la única, pero el que sea más común de lo que pensamos no implica que debamos normalizarlo.


El dolor es una señal de nuestro cuerpo, lo llamamos dispareunia cuando se da en las relaciones sexuales, y es algo que debemos atender.


El dolor puede ser multifactorial, es decir, puede surgir por varias causas (infecciones, cicatrices, hipertonía del suelo pélvico…) y, si no hacemos caso de ese dolor y respetamos lo que nos quiere decir nuestro cuerpo con él, podemos caer en esa ansiedad anticipatoria.


Piensa si alguna vez te has encontrado a ti misma sintiendo cierta tensión previa a la relación sexual por anticipar ese mismo dolor en el sexo. Y esa tensión es la que muchas veces, va reforzando que se perpetúe ese dolor.


La sexualidad es un diálogo continuo entre cuerpo, mente y emociones. Si hay miedo, vergüenza, presión por cumplir o sensación de obligación, el sistema nervioso se activa y el cuerpo se contrae. Incluso si el origen del dolor fue algo físico, el recuerdo de esa molestia puede hacer que tu cuerpo repita la tensión, creando un círculo difícil de romper sin ayuda (y menos aún si nos silenciamos).


No es debilidad. No es falta de deseo. Es una respuesta de protección.


El dolor sexual puede provocar frustración, inseguridad o distanciamiento. Si lo sufres, puede que te sientas culpable, “rota”, insuficiente o temer que tu pareja pierda interés. Y esto sin duda alguna, puede reforzar más el paradigma de presión y tensión.


A lo mejor tu pareja se siente perdida o, aunque sea sin querer, no sabe acompañarte cuando el dolor aparece.


Lo importante es entender que la solución no pasa por “insistir” o “aguantar” (eso solo refuerza más aún este bucle), sino por empezar a crear un espacio seguro, sin presión y con mucha comunicación – de esta forma tu cuerpo empezará a sentirse a salvo, escuchado, y podrá bajar esas barreras que fomentan el dolor.

  1. Escucha a tu cuerpo sin juzgarlo. El dolor no es tu enemigo, es información.
  2. Evita la penetración si duele. No hace falta que las relaciones sexuales siempre acaben en lo mismo ni mucho menos, y si es que tu cuerpo está preparado y receptivo para tener penetración, respeta mucho tus ritmos y tiempos. No es una carrera, es un paseo de disfrute compartido.
  3. La comunicación y el sentir el apoyo y comprensión de tu pareja son claves para sentirnos seguras y bajar el sentimiento injusto de culpa al respecto.
  4. Trabaja la relajación y la conexión antes del encuentro sexual. Caricias, masajes, respiración conjunta, juegos sin expectativa… ¡Es una oportunidad para ver el sexo con esa perspectiva más sensorial y curiosa!
  5. Acude a profesionales especializadas. Desde mi enfoque integrativo podremos abordar este escenario para que puedas disfrutar del sexo sin miedo, con libertad, y con placer. No te mereces menos.

El dolor en las relaciones sexuales no es algo que debas normalizar ni soportar. Es una llamada del cuerpo que dice: necesito seguridad, calma y cuidado.


El sexo nunca debería doler, y tu bienestar sexual merece atención, respeto y escucha. ☺️

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